Archivado en: Articulos | Etiquetas: autoestima, deseos, desnudos, erotismo, mujer
Tu cuerpo es una estrella que se enciende cuando haces el amor
Autor: Psic. Juan Carlos Hernández Meijueiro
http://www.xochiquetzal.org.mx
¿Por qué es importante estar conscientes de los mitos (ideales, estereotipos, modelos de comportamiento, etc.) que hoy rigen en mi cultura sobre la sexualidad?, Pues para poder saber cuáles son los valores que he interiorizado y desde los cuales veo mi cuerpo, el placer, mi preferencia sexual, mi forma de ser hombre o mujer, conservador/a o liberal, el concepto de familia, etc., ya que el mito y los mensajes que recibimos durante nuestra crianza en forma particular, pero a todo lo largo de la vida, nos van conformando internamente (inconscientemente) cíe acuerdo con la realidad que captan nuestros cinco sentidos del exterior. Así, las canciones, los poemas, los dichos populares, las frases que repetimos, las oraciones que rezamos y las explicaciones que cada sociedad da a los fenómenos que observa, se transmiten en forma de lenguaje que a su vez van generando una forma específica, en cada cultura de darle significado a los eventos que en la vida de cualquier humano o humana, suceden: nacer, comer, defecar, dormir, orinar, pensar, amar, o copular. Y en este sentido, el mito, las leyendas, explican las costumbres sobre el cómo se debe amar, cuándo o dónde copular, con cuántos/as sí y con cuántos/as no, etc. y cada cultura lo cree como si fuera una verdad universal.
Así, por ejemplo, los griegos y romanos del politeísmo clásico, tenían cuerpos distintos a los nuestros, porque desde niños y niñas les enseñaban pensamientos y emociones distintas sobre sus miembros corporales; eran sus mitos y creencias lo que les permitió vivir desnudos y desnudas en su vida personal, familiar, social y pública, sin experimentar la vergüenza enseñada, en contraste, por los mitos hebreos y creencias judías de los mismos siglos. Según Peter Brown[1], los/as grecorromanos/as consideraban que “estaban ligados al mundo animal por la astucia de los dioses. Sentían latir en sus cuerpos el mismo espíritu fogoso que cubría todos los años las colinas con corderos recién nacidos y que hacía madurar las cosechas, en los juegos amorosos de temporada, mientras los vientos primaverales abrazaban las fértiles espigas. Por encima de ellos, el mismo fuego resplandecía en las titilantes estrellas. Y sus impulsos sexuales participaban directamente en la inconmovible perpetuidad de un universo inmenso, por el que los dioses retozaban eufóricos”. ¿Interesante no? Es muy distinto oir estos cuentos desde niño/a, donde cada vez que te acaricias y -sientes placer te sientes partícipe de la luz de las estrellas, en vez de verte en un infierno con tremendos sufrimientos rodeado/a de seres inmundos, sólo por haberte causado emociones corporales. Imagínate que en cada orgasmo o sensación placentera, es todo tu cuerpo el que está en juego y además imagina que eso te embellece como la energía de las estrellas; seguro tu experiencia será distinta que con los mitos que nos enseñan a sufrir la sexualidad en vez de gozarla con responsabilidad y respeto. Imagínate como nuestros/as antepasados/as greco-romanos/as, que tu cuerpo es un “universo ardiente, en cuyas venas, cerebro y corazón late el mismo calor y el mismo espíritu vital que brilla en las estrellas. Hacer el amor era poner en ebullición la propia sangre, mientras el ardoroso espíritu vital se precipitaba por las venas, transformando la sangre en la espuma blanquecina que es el semen. Era un proceso en el que todo el cuerpo -la cavidad craneana, la médula espinal, los ríñones y la región del bajo vientre- entraban en juego como en un potente coro. Las partes genitales eran meros puntos de paso… Era el cuerpo entero, y no meramente los genitales -nos dice Brown-, lo que hacía posible el orgasmo”.
Si hubiéramos nacido en Grecia o Roma, antes del siglo II, esta sería nuestra auto-imagen corporal y en ese contexto pondríamos la actividad sexual. ¿A poco no lo sabías?
[1] BROWN, PETER; EL CUERPO Y LA SOCIEDAD, los cristianos y la renuncia sexual: Muchnikv Editores, S.A., Barcelona, 1993; pp. 37 y 51.
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